miércoles, 19 de octubre de 2016

NUNCA MUERE UNA LEYENDA...

La leyenda del Perro del san Jerónimo  

En San Juan, Puerto Rico, en la entrada del mar Atlántico a la bahía, un poco mar afuera, no muy lejos del Castillo de San Jerónimo, existe un arrecife natural donde una pared de piedras rompe las grandes olas que vienen contra la playa. Esa formación rocosa tomó durante siglos, el contorno en forma de un perro sentado en sus patas traseras que miraba hacia el mar. Esta estructura coralina que ha sido fuente de muchas bellas canciones folklóricas, de cuentos, leyendas e historias populares; la cual conocemos como La Piedra del Perro o El perro del san Jerónimo ha desaparecido por los embates de las olas. Observándola desde un ángulo recto, podía apreciarse claramente un perrito posado sobre la inmensa masa de coral, vigilando con paciencia el tranquilo mar abierto y la firme línea del horizonte. 

 





 

Cuenta una leyenda que ese perro perteneció a un pescador que salió a pescar y lo dejó esperando en la playa. Su amo nunca volvió, pero como perro al fin, siendo fiel y se mantuvo incólume esperando a que su amo volviera. El perro de tanto esperar el añorado regreso del dueño, se convirtió en una roca y todos los que visitaban a San Juan podían ver allí, el perro en espera a su dueño. Dice la leyenda que cuando el Castillo San Jerónimo era una fortaleza militar española a cargo de proteger la costa de la isla de ataques enemigos, vivía allí un joven soldado llamado Enrique, que por estar tan lejos de su hogar y familia, se sentía solo y nostálgico por lo que buscaba un compañero. A diferencia del resto de los soldados en el fuerte, quienes habían sido educados desde niños para convertirse en guerreros y militares, toda su vida Enrique había sido un sencillo agricultor que ingresó en el ejército buscando aventuras y viajes por lugares exóticos. Un día, mientras paseaba por las calles del Viejo San Juan, oyó un doloroso quejido proveniente de uno de los callejones. Tirado en una cuneta, con una pata malamente herida, se encontraba un perrito abandonado, que Enrique con mucho cuidado tanteó el débil cuerpo macilento, sonrió y le dijo a la infeliz criatura: - “No te preocupes amiguito, pronto estarás sano y corriendo por ahí”. Después de semanas de descanso, el perrito había engordado y se veía muy enérgico. Pegado a los talones de Enrique, le acompañaba a todas partes provocando así risas y comentarios de los otros soldados. Un día el oficial superior de Enrique le preguntó cuál era el nombre de su mascota, a lo que contestó: -“Se llama Amigo, señor”. Meses más tarde se recibió la noticia que España necesitaba hombres en Cuba, por lo que Enrique cayó entre los que debían partir. Tristemente, Enrique se despidió diciéndole a Amigo: - "No te preocupes, que yo regresaré, los compañeros aquí te cuidarán bien”. Amigo se quedó mirando el barco hasta que desapareció y entonces, se tiró al agua por uno de los lados del fuerte y nadó hasta llegar a un arrecife de coral que se encontraba en la base de la muralla. Subió a lo alto del arrecife y allí esperó el regreso del barco de Enrique, lo que continuó haciendo por muchos meses. Otro día, se recibió la noticia de que mientras Enrique defendía su país en una brutal batalla naval, su barco se había hundido y con él todos los hombres a bordo. Todos los soldados en el Castillo San Jerónimo hablaban con tristeza de la tragedia y, a su manera, Amigo descubrió lo que había ocurrido. Traspasado de dolor, sin poder creer que su amo estaba muerto, nadó rápidamente hasta su puesto de vigilancia para continuar su interminable espera por el amo que nunca regresaría. Durante siglos, admiramos la estructura rocosa y soñamos con la historia del perro fiel. Nada intimidó a nuestra imaginación para buscar frente a lujosos hoteles que bordean la costa y modernos aviones remontando el cielo; al querido y siempre fiel Perro de piedra o Perro de san Jerónimo. Esta imagen convirtió el Castillo de San Jerónimo en un simple eco de su tiempo. No podemos negar asombrosamente que la pasión literaria que nos mueve nos hacía ver la figura del perro que cobraba vida ante nosotros. Hoy: miércoles, 18 de octubre de 2016, la naturaleza se ha enarcecido contra el perro y ha dejado solo el recuerdo de tal visión. No obstante, las leyendas NUNCA MUEREN, sino que perduran en la memoria y en el registro colectivo de la tradición popular. La fiel vigilia del perro convertido en piedra con el paso del tiempo, pero comprometido amorosamente esperando fielmente el regreso de su amo; nunca será olvidado. Si te intersa conocer y leer más historias como esta del Perro del san Jerónimo, te recomiendo la lectura del libro del Dr. Cayetano Coll y Toste: Leyendas puertorriqueñas. Una obra magistralmente escrita en la que se recopilan diversas leyendas de nuestra tierra: Puerto Rico. 

 

 

lunes, 3 de octubre de 2016

Imagina una vocación increíble...






Baja la aplicación para celulares titulada:"My Idol" y diseña tu avatar. Luego, edita una película o imagen en la que te puedas ver como modelo, músico, periodista. Escribe in breve ensayo en el que expongas tus razones para haber seleccionado esa vocación.